Opiniones

Nuestros huéspedes opinan

Hola, quería agradeceros vuestra hospitalidad, el cariño y la dedicación que nos dais. Yo me he sentido genial, y me ha sentado de lujo. Y también daros las gracias por crear ese espacio tan sanador.

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    Un beso muy grande para todos, nos veremos pronto. Pilar, te dejo un enlace sobre los pesticidas. Yo creo que ese es un tema de salud muy serio también; ya hablaremos de ello. Besoss

PilarSemana Santa

Buenos días a todos (Pilar, Yolanda y Jacinto)

¿Qué tal se encuentran? ¿Ya solitos en la casa? Supongo que aún estarán por allí Santiago y Amparo (salúdenlos de mi parte por favor).

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    Les escribo para darles las gracias por la atención y el cuidado que me prestaron en mi última estancia en la casa. Estuve muy cómoda, lo pasé muy bien, descansé lo necesario, y aproveché para liberar mi cuerpo de toxinas y seis kilos de peso.

    Al igual que en Navidad me he ido ya buscando fecha en el calendario para poder regresar otro periodo, así que creo que esa es una clara evaluación. He regresado a casa con algunas decisiones tomadas sobre mi vida y mi salud que en el anterior "revolcón emocional" no fueron posibles. El cuadrito del ¿Por qué no aquí, por que no ahora? y una frase de Maria Jesús (muy buena profesional, por cierto) que decía "Sembrar un acto para cosechar un hábito" me van a ayudar en este proceso. Lo dicho, en poco volviendo a reservar.

    Un abrazo para los tres (y si se deja, también un cachito del mismo para Lourdes!!)
    Patricia

PatriciaMuchas Gracias

Hoy puedo dejaros unas líneas sobre unas personas que he conocido durante la pasada semana en tierras de la Sierra de Gata, conocida comarca de Cáceres, en donde el silencio y la naturaleza están unidos en un todo.

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    Podía hablaros del lugar, escondido entre pinares jóvenes, de altos vuelos, con árboles variados de entre aquella cosecha reuniendo las cerezas con aquellas aceitunas que ya están en su viaje hacia los lugares donde convertirán las mesas en nuevas fiestas y momentos de ocio.

    Las palabras que quiero imprimir hoy es uno de tantos despertares para compartir con aquellas personas sencillas, honestas y muy cariñosas, de miradas suaves y una energía revitalizada por aquellos sentimientos que llevan guardados en lo profundo de una enseñanza que realizan con sus terapias que entregan de una forma amable.

    Es normal en estos casos explicaros las enseñanzas que han entrado en mi vida, en estos momentos donde el cambio es importante para aprender nuevos conceptos que había errado, para poder entregarme a sentir que lo vivido es parte de un camino que todos necesitamos recorrer, para escuchar a un cuerpo cansado de darme miles de avisos, siempre sin respuesta.

    Pero quiero dejar guardado en este corazón, que se revitaliza en cada momento, a unos seres que me han dejado mucha vida, empezando por quien fue la primera persona con la que tuve un pequeño diálogo cuando aquello se hacía realidad en la reserva de aquella habitación que pusieron a nuestra disposición para descansar unos cuerpos cansados.

    Jacinto en aquellos momentos hacía de GPS introduciendo en mis notas aquellos lugares por donde había que caminar para no perderse en esas carreteras que existen para llegar a los lugares que una naturaleza tiene reservada para quienes se aferran a vivir, a los que se cuelgan de una bolsa de fin se semana para bañar sus mentes en unas aguas vivas donde nadie pueda controlarlas ni envasarlas.

    Cuando le conocía en persona, era más la energía que sentía como su mirada encontrando a quien le había pedido si tenía Internet y al que convenció que a ese lugar se iba a descansar y, de veras, descansé, incluso sentí que nunca había descansado de una forma tan natural y profunda.

    En varias mañanas, sus ejercicios cansaban este movimiento que parece haber desaparecido con los años, y que se volvían a recomponer en una hora antes de aquel desayuno que nunca había soñado poder disfrutar, con el sabor de unos alimentos que puedo convertir en placer, sin darme cuenta que tanto el kepchup de años atrás, o las prisas de los amaneceres corriendo al trabajo me habían hecho dejar de lado.

    El trato que recibía en aquellas miradas cuando nos cruzábamos, incluso cuando veía no poder controlar mi cuerpo ante algunas anomalías que detectaba en la limpieza que procedía de aquellos manjares, fue no solo excelente añadiendo el ingrediente de la inteligencia de unos cuantos años en plena labor.

    Cerrando la noche con la meditación que controlaba todo aquello en la mente, dejando ser, dejando disfrutar unos minutos en el silencio de aquellos parajes, en la realidad de aquel Jardín que pudiera ser un paraíso, porque Adán y Eva se sentían reales sin aquellas ataduras que las horas y los minutos nos encadenan a nuestro avatar diario de costumbres y hábitos, fácilmente desmenuzados por Graciela. Graciela, si, la doctora que cuida muy de cerca las evoluciones de unos cuerpos que ya conoce, que sabe por donde tienen las soldaduras ya desgastadas, que entiende unas miradas cuando no he puesto aún la palabra enfermedad en mi boca, que habla de que un alimento nunca puede ser considerado una medicina, que te mira en aquellas charlas donde nos deja mensajes que llenan aquello que no hemos sabido vaciar entre las patatas fritas de aquellos chuletones que ahora se alojan en los dolores de unas piernas que pesan, o de un estómago dolorido.

    Ella nos daba la pauta, nos aconsejaba aquello que cada uno es libre de reconsiderar, tampoco sin asustar, pues ella misma ha probado tal desarreglo, tales caminos vividos por quien ahora entiende que los años viajan de distinta forma y con distinto equipaje, siempre dando su ejemplo para llegar a comprender la verdadera existencia de cualquier ser.

    Como todos, la enfermedad es nuestra enseñanza, los libros que hemos de estudiar en los dolores que muchas noches y días nos apartar de una risa, de la música de cualquier rio o mar, de caminar tranquilos hacia aquella raya que llamamos horizonte y que en verdad completa mas vida, más seres escondidos en la profundidad de una esfera que en su redondez acoge todos los elementos que nos han sido regalados para vivir, para sentir, para amar, para ser verdaderamente nosotros.

    En sus silencios, como en los de Jacinto, había mucha sabiduría, mucha ilusión por poder entregar aquellas experiencias que un día les llevaron a dejar sus casas, sus lugares donde el nacimiento nos atrapa y enseña por muchos años, aquellos momentos en que se siente la verdad dentro de uno mismo, acompañado de unos pocos libros y las muchas ganas de poder dejar esa semilla que a muchos nos empieza a nacer, aunque sólo sea en esos primeros días en que queremos regar con mucho cuidado la maceta recién recompuesta. También recordar a Jacinto Padre, al que veía en contadas ocasiones y que sentía todo aquello desde su juventud interior, con unas miradas tranquilas puestas en esa vida que ahora disfruta en su silencio ganado hace algunos meses mas.

    Jon, que te puedo decir, simplemente me gusta mucho las personas ágiles, que tienen vida y saben encenderla, que tienen esa mirada de escucha, que saben realmente lo que quieren vivir pero no encuentran esos sonidos que acaricien la ternura que se esconde es esas manos de trabajador duro en las labores que duelen de muchos años alerta. Sólo entenderás el camino desde el silencio de tu propio interior, en la mirada que ahora comprendes que son las ventanas de ese faro interior que ilumina todo tu sendero.

MIguel JoséMi despertar

Hola a todos y todas: Acabo de volver de Tres azules. He pasado una semana maravillosa bajo la atenta mirada de Graciela y Jacinto. Voy por partes. El lugar: increíblemente relajado y tranquilo, el lugar ideal para relajarte y comenzar algo nuevo en tu vida.

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    La casa: por fuera: bastante impersonal, pero funcional. Por dentro: un lujo.

    Habitaciones amplias y acogedoras con baño completo. El salón principal: una gozada con sofás amplios preparado para la lectura y largas charlas entre amigos. Todo ello arropado por una gran chimenea que se encendía todas las noches (he estado en otoño). Los demás espacios: comedor, porche, acordes con lo comentado de los otros espacios. La comida: a pesar de la sorpresa inicial: muy bien elaborada, muy rica y sabrosa a pesar de sus limitaciones. Las actividades: para mi, reveladoras y con grandes posibilidades de llevar a cabo en mi ciudad. El proceso para una persona profana en el Higienismo como yo ha sido de un continuo descubrimiento y de sentirme mejor cada día. La mezcla de ejercicio suave (chi-kung, estiramientos, meditación, paseos,…) y de búsqueda del equilibrio físico y emocional con una dieta de limpieza me han hecho sentirme mucho mejor. Ha sido un acierto elegir ese lugar para pasar unos días con la idea de plantear algunos cambios en mi vida

JOSETXU LANDAUN MARAVILLOSO DESCUBRIMIENTO

Hola Jacinto ¿como estáis? yo muy bien y gracias a vosotros. Por si no recodáis quien soy, soy Charo la chica que se quedo el noviembre entero del año pasado con ayuno total y un día tal como hoy estaba en vuestra casa sanandome.

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    Me han venido muchos recuerdos al recibir esta promoción vuestra y la verdad que añoro la casa, a vosotros y a la gente que conoci. Afortunadamente estoy super bien ¿recordais que fui por un problema crónico de urticaria? pues bien, estoy estupendamente ya no me ha vuelto a dar ningún rebote desde entonces.

    El paso por vuestra casa me abrió los ojos y me cambio totalmente, ya no me enfado tanto como antes e intento no estresarme y tomarme la vida con mas filosofía, no he vuelto a tomar ningún medicamento desde entonces ni siquiera para un simple dolor, lo paso lo mejor que puedo y si tengo que hacer reposo lo hago, pero me niego a meterme ningún medicamento al cuerpo. Cuando se lo cuento a la gente flipan en colores, ya que no se lo creen pero yo les digo que es lo mejor que me ha pasado en la vida y volvería a repetirlo sin dudarlo, antes de ir al hospital me voy corriendo a vuestra casa.

    Jacinto y tus padres ¿como están? dales besos y abrazos de mi parte.
    Quiero plantearme ir otra vez, pero esta vez iré solo 15 días y creo que me obligare a ir todos los años por que creo que me vendrá bien, me lo voy a poner de objetivo para el 2016.
    Espero recibir noticias vuestras y espero que estéis todos bien.
    Besazos….Charo

Charo

Hola a todos: Antes que nada, agradeceros a todos vosotros (desde Jacinto hasta Ana, Toñi y Jon) el trato y la atención con que nos recibisteis, no sólo a nosotros, sino a todas las personas que hasta allí se acercan en busca de reposo y algo de bienestar.

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    Vuestra profesionalidad y trato es algo que uno recuerda y valora en alto grado. Además, he de reconocer que, tras el periodo vacacional, muy pocas veces me he reincorporado a mi puesto de trabajo con una actitud tan positiva y con la sensación de haber descansado realmente, tanto física como mentalmente. Por esa razón, debo reconocer que la clave de este resultado se debe, en gran medida, a haberme puesto en vuestras manos.

    También debo reconocer que antes de estar en Tres Azules no tenía un conocimiento tan cercano y real al funcionamiento de nuestro organismo en relación a cómo nos alimentamos y de la importancia de una correcta nutrición para un buen funcionamiento tanto físico como emocional. Por el momento, sigo "casi" al pie de la letra muchas de las indicaciones y enseñanzas que aprendí allí y creo que mi cuerpo lo está agradeciendo; no sé si seré capaz de no reincidir demasiado en hábitos anteriores que no son beneficiosos pero que están tan inculcados en cualquiera de nosotros que parece que sin ellos "no podemos vivir", pero bueno, tampoco creo que deba mortificarme demasiado por "pecar" alguna vez, creo que las cosas hay con tomárselas con calma y quererse más aunque no siempre hagamos lo correcto (quizás eso forma también parte de la condición de ser seres humanos) ¿no? Pues eso, gracias de nuevo a todos y espero volver a tener más ocasiones para disfrutar de vuestra compañía.

César Ochoa

Al final no pude despedirme adecuadamente de ti, por eso aprovecho esta ocasión para hacerlo y para darte mis datos de contacto.

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    Quiero agradecerte la oportunidad de haber estado en vuestra casa. Pese a la brevedad de mi estancia he encontrado lo que fui a buscar a Tres azules, afortunadamenteno necesito mucho tiempo para reencontrarme cuando lo hago en lugares que me brindan un entorno de solidaridad, naturaleza, buenos alimentos, gente amable, y preocupación por los valores que configuran al ser humano en su esencia más profunda y que, lamentablemente a veces perdemos en el día a día. Tengo las pilas cargadas, y con propósitos que ya estoy convirtiendo en hechos: mi alimentación no era mala pero ahora va a ser mejor, mi actividad física se va a ampliar con lo que pude aprender con Marga y con Teresa y voy a buscar un momento del día para ese reencuentro con nuestro yo a través de la meditación. Llevo una piedra en mi bolsillo que recogí en el camino que lleva al aparcamiento. Cuando me sienta agobiado la tocare para recordar y trasladar a mi mente a ese rincón de paz que tan hábilmente habéis construido. Gracias por todo.

Roberto

Mi historia en Tres Azules no tiene nada de especial; es la historia de tantos otros reposantes que han pasado por la casa.

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    Un día, en la primavera de hace ya cuatro años, saqué fuerzas de donde no tenía y arranqué el coche camino de la Sierra de Gata. Necesitaba recuperar una alegría que había perdido, cargar las pilas de mi autoestima, reflexionar sobre traiciones y desafectos y limpiarme en cuerpo y alma.

    Llegué a Plasencia sin dificultades. Luego me adentré por carreteras secundarias en busca de un pueblo pequeño que sólo viene en los grandes mapas: Cadalso. Ya estaba cerca. Seguí la carretera de Robledillo de Gata y al poco apareció un indicador al pie de un camino, con formato humilde y tan camuflado entre la vegetación que casi me lo salto: "Tres Azules" era el texto del rótulo, pintado, lógicamente, en color azul.

    Un cierto nerviosismo me invadió al tomar el camino de tierra -¿Cómo sería el lugar?, ¿Cuáles sus gentes?, ¿me aceptarían los otros clientes?, ¿me dejarían mi tristeza de entonces y mi timidez de siempre disfrutar de la estancia?

    Cuando entré en la casa los azules del portal me agitaron aún más las emociones. Para mi estado anímico hubiera preferido otro color más relajante –tal vez el que ofrecía la primavera en el bosque y en el jardín que bordeaban el pequeño camino de acceso-, pero era lógica la decoración, aquella pintura venía a decir "Bienvenidos a Los Tres Azules". Me recibió un Jacinto sobrio como es él, pero sereno y amable; luego la médica de la casa, que exhalaba una ternura maternal y una humildad que insultaba el orgullo de tantos otros profesionales de bata blanca con los que antes había tratado. Me fui relajando. Después conocí a los pocos reposantes que entonces había, quienes me trataron con amabilidad. A la hora de la cena ya me sentía integrado: aquello era una familia mejor que la que a veces encontramos en la casa propia, con un padre discreto, distante con frecuencia, pero cuya presencia se captaba en el orden de las cosas, en el método de trabajo, en la frescura del jardín, en la paz de las habitaciones y hasta en la calidez de los leños siempre ardiendo bajo la chimenea; con una madre a la que daban ganas de abrazar a cada encuentro, aún cuando sabías que podía ser dura si, en lugar de hacer los deberes perdías el tiempo jugando a la Play y comiendo ganchitos. También había clientes que podían pasar por hijos, tíos, primos o abuelos, propios de una familia bien avenida en la que nadie cuestiona la autoridad de los patriarcas.

    Disfruté de las actividades, de la alimentación vegetariana, de la piscina, del jardín, de los paseos, del paisaje, de la soledad cuando la buscaba y de la compañía cuando la necesitaba. Bajo la discreta pero incuestionada tutela de Graciela y Jacinto, hice el trabajo que había ido a hacer y me reencontré conmigo mismo, cargué pilas, expulsé fantasmas y demonios interiores y me reconcilié con el mundo de fuera, aquél en el que proyectaba la causa de mis tristezas anteriores; en fin, sané.

    Después he regresado otras veces, lo mismo que el hijo ausente vuelve a casa cuando necesita olvidarse del ajetreo de la vida, de sus miserias y frustraciones, para encontrar la paz del hogar.

    Es curioso el nombre con que bautizaron el lugar: Tres Azules. Lo que significó para ellos no lo sé, pero sí creo saber lo que simboliza para mí. Hay un azul claro cuando contemplamos un cielo limpio en un día de sol brillante; por ejemplo, viéndolo desde el valle de la Sierra de Gata, lugar en que está ubicada la casa de reposo. Hay otro azul, más intenso, con que nos seduce la contemplación de los mares, que es distinto, a su vez, según de qué mar se trate y cual sea el estado del oleaje. Y hay otro azul cargado de matices, desde el azul-verdoso, hasta el azul-mierdoso que nos ofrecen las aguas estancadas. Cada uno tiene su significado. El azul del cielo significa espiritualidad, generosidad, tolerancia, trascendencia, amor universal. El azul del mar nos habla del origen de la vida, de amor maternal, de ciclos emocionales asociados a los ciclos de la Luna -que mueve a su vez las mareas-, de calma y agitación, y de lucha, en fin, para comer y no ser comido. El azul de lagos, lagunas, pantanos o charcas nos ofrece dos versiones: a veces es límpido y puro, capaz de agasajarnos con la flor del nenúfar, y otras nos muestra a la superficie todo el cieno, toda la mierda, que oculta en su fondo cuando está en calma. Y todos los azules son uno mismo para el ser humano: Desde los dolores que escondemos en el inconsciente, pasando por las fluctuaciones de nuestro estado de ánimo en la lucha por reproducirnos, querer y ser queridos y luchar por la supervivencia, hasta llegar a la búsqueda de una espiritualidad que nos haga sentirnos parte de ese universo que fluye desde el principio de los tiempos.

    En el fondo, en Los Tres Azules, más allá de una dieta, de unos estiramientos corporales, de unas charlas de higienismo, quienes lo crearon y quienes lo visitamos sabemos que allí se cultiva el alma, se establecen diálogos con nuestras emociones, con la feminidad que se expresa en sensaciones más que en razones.

    A muchos de nosotros nos han marcado vías de sanación de cuerpo y, sobre todo, de alma. Les estamos agradecidos. Pero ellos, que iniciaron un camino de superación, también continúan recorriéndolo. La auténtica salud física y la evolución espiritual se obtienen desde el dolor: aquí no hay atajos duraderos -sudor y lágrimas antes y el placer de la madurez para luego-

Joaquin EstebanTRES AZULES & TRES CAMINOS
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